Dilemas éticos, ¿problemas metodológicos? Implicaciones éticas en la investigación antropológica de Internet

On 04/04/2011 by Adolfo

‘Dilemas éticos, ¿problemas metodológicos? Implicaciones éticas en la investigación antropológica de Internet’, es el título de la presentación que realicé en Donostia, en las XIV Jornadas de Antropología Ankulegi, tituladas ‘El qué y el cómo de la investigación antropológica: reflexiones metodológicas, éticas y políticas’. Un interesante encuentro, muy bien organizado por las responsables de Ankulegi. Felicidades a las antropólogas que reunieron un nutrido grupo de trabajos. Más abajo las notas de mi presentación, también en PDF.

Introducción: bloggers apasionados

Mi comunicación explora la estrecha imbricación entre los dilemas éticos y decisiones metodológicas de una etnografía realizada entre los años 2006 y 2007 con un grupo de individuos que practicaban el bloguear intensivo, bloggers apasionados.

Lo primero que haré es nombrar el problema de mi discusión, en segundo lugar señalaré algunos aspectos de mi trabajo de campo, particularmente una decisión tomada al comienzo de mi investigación: abrir un blog para bloguear durante mi trabajo de campo. Y finalmente presentaré mi discusión.

En una primera aproximación podemos pensar en la ética como un espacio de valores que han de ser preservados, la cuestión principal es ¿quién determina cuáles son los valores que han de ser preservados?, ¿el antropólogo/a?, ¿nuestros informantes? El planteamiento que realizaré es que nuestra responsabilidad ética no debería articularse principalmente en torno a la preservación de unos valores asumidos a priori, sino que debería plantearse como una instancia para la producción de conocimiento sobre los valores de los otros.

Pero antes de entrar en la discusión algunas breves notas sobre mi trabajo de campo para situar el contexto de mi discusión.

“Un weblog o *blog, es un sitio web frecuentemente actualizado que consiste en entradas diarias ordenadas en orden cronológico inverso de manera que el artículo más reciente aparece primero” (Walker, 2005).

El nacimiento de los blogs suele ubicarse en el año 1997. Unos diez años después de su nacimiento, en 2007, se manejaban cifras según las cuales había unos 70 millones de blogs en todo el mundo (Sifry, 2007). Y por esa época las empresas, los medios de comunicación y los partidos políticos comienzan a mostrar un intenso interés por ellos: algunos políticos abren sus propios blog como una forma para acercarse y acercar la política a los ciudadanos, dicen. En esa efervescencia se organizan eventos y reuniones de bloggers y se realizan publicaciones donde se consignan las promesas de que a través de los blogs se puede transformar la sociedad.

Mi etnografía analiza precisamente este aspecto: la esperanza que algunas personas mantienen en que a través de esta tecnología es posible transformar nuestra sociedad. Analizo cuáles son las condiciones de posibilidad de la esperanza, cómo emerge y cómo viaja.

Y para ello me centro en una práctica de bloguear particular. La de aquellos individuos que bloguean a diario o casi a diario durante años, que han incorporado el blog en su actividad profesional y en su vida privada, que son expertos en la utilización de Internet y otras tecnologías, reflexivos con respecto a su práctica de bloguear e intensamente implicados en la construcción de eso que se denomina la Blogosfera (el conjunto de todos los blogs). Asisten a eventos blogger, toman parte en su organización y, un aspecto fundamental: depositan grandes expectativas en la capacidad de los blogs y la Blogosfera para transformar la sociedad.

Entre bloggers

Mi trabajo de campo se desarrolla en dos contextos diferentes durante 18 meses, entre 2006 y 2007. Hay dos contextos diferenciados de esa trabajo de campo: situaciones de co-presencia física compartida como eventos blogger en los que se reúnen decenas o cientos de personas durante varios días; y en segundo lugar Internet, donde realizo un extenso registro de los datos que mis informantes publican con periodicidad casi diaria: artículos y/o imágenes de sus blogs en los que hablan de su vida profesional o discurren sobre sus inquietudes cotidianas.

El blog de campo: objetivos

Una de las decisiones iniciales de mi trabajo de campo consistió en la apertura de un blog. En buena medida estaba inspirada por un estudio anterior de orientación etnográfica relacionado con una comunidad de Internet donde utilicé una especie de blog como parte mi observación participante.

Así que abrí nuevamente un blog con tres objetivos iniciales:

En primer lugar dotarme de visibilidad y presencia en el campo establecer rapport con mis corresponsales y ganar credibilidad entre ellos.

En segundo lugar, bloguear era una manera de interrogar reflexivamente  a la tecnología a través de mi propia práctica, e incluso desplegar las condiciones para que la tecnología me interrogara a mí mismo.

Finalmente, el blog era una estrategia a través de la cual paliar las inquietudes éticas que me suscitaba mi investigación. Todos esos datos accesibles, ¿cómo declarar claramente mi presencia?, ¿cómo hacerla visible?, ¿cómo proporcionar a los otros las condiciones para poder interpelarme y objetar a mi investigación? El blog de campo era una manera de responder a esas cuestiones que se me planteaban ya desde el comienzo de mi trabajo de campo.

Bloguear en el trabajo de campo

Mi rutina diaria consistía en acudir a mi centro de investigación y conectarme por las mañanas para leer los blogs que seguía con más atención (unos treinta). Pero con los blogs, comienzas por uno y extiendes tu lectura siguiendo la red de enlaces entre ellos. Buena parte de todos esos datos los registraba como parte de mi cuaderno de campo. La lectura se extendía a lo largo del día, consultando de tanto en tanto para comprobar si habían vuelto a publicar o si habían recibido comentarios.

Además de la lectura solía escribir en mi blog de campo. Un aspecto importante es que el blog no era un cuaderno de campo ni un espacio para discutir mi investigación. Era ante todo un espacio relacional, así que escribía sobre los mismos temas que mis informantes, referenciando expresamente alguno de sus artículos. Una de las prácticas que formaba parte del bloguear era enlazar a otros blogs, siguiendo la convención de los blogger. Los enlaces son un mecanismo fundamental entre ellos. Sirven para mostrar reconocimiento, y filiaciones; y un aspecto fundamental, para dar crédito y reconocer las fuentes. Habitualmente los bloggers se refieren a la Blogosfera como una conversación, un conjunto de blogs que se enlazan entre sí.

En muchas ocasiones, enlazar a otros blogs era para mí una manera sutil de evidenciar mi presencia, mostrar mi interés por lo que escribían y presentarme ante ellos. Más sutil y efectivo que enviar por ejemplo un correo electrónico. Los blogs suelen tener un sistema automático que avisan cuando son enlazados. Como consecuencia de ello, enlazar significaba en ocasiones que el blogger acudiera a mi blog y dejara un comentario. Y a partir de ahí era posible continuar con nuevos intercambios.

Y aunque todo esto requería una notable dedicación diaria, a través del blog establecí muchas de mis relaciones y las sostuve a lo largo del tiempo. En buena medida, bloguear constituyó una estrategia metodológica que podría considerarse exitosa.

Y como consecuencia de mi bloguear alcancé cierta notoriedad entre un buen número de bloggers. Además estaba bien posicionado en Google y era fácil localizar mi blog en Internet. Este era uno de mis objetivos, pues ganando visibilidad dejaba pública constancia de mi presencia en el campo y de mi identidad como investigador. De hecho mi blog sigue siendo hoy fácilmente localizable. Un indicio de ello es la invitación que me cursaron a un curso de verano de la Universidad complutense me llegó, de hecho, como blogger, y no como investigador.

Consecuencias inesperadas

Pero con el del tiempo me percaté de algo que no había previsto. Como consecuencia de esa visibilidad en Internet, caí en la cuenta de que la identidad de mis informantes quedaba comprometida. Localizar mi blog era sencillo a través de un buscador, y a partir de ahí era fácil localizar los blogs con lo que dialogaba habitualmente siguiendo mis enlaces. Así que lo que pretendía ser una estrategia para aliviar mis preocupaciones éticas se volvió en una forma de comprometer el anonimato de mis informantes.

En realidad, ese problema de trazabilidad afecta en general a los documentos obtenidos de Internet. Citarlos literalmente significa que mediante un buscador la fuente podrá ser localizada en muchas ocasiones.

Pero quizás eso no era tan problemático. De hecho no lo era en absoluto. Mis informantes no requerían el anonimato y esperaban ser citados por su nombre. Son personas que publican una enorme cantidad de información personal sobre sí mismas en Internet y que son fácilmente localizables. No pretenden ser anónimas en ningún caso.

Ese dilema que me parecía entrever es resultado de asumir a priori que el anonimato es un valor que debemos proteger.

Conclusiones

En lo que resta quiero recapitular mis conclusiones, realizando una propuesta sobre cómo concebir la ética de la investigación.

Llegamos al campo asumiendo una serie de valores que hemos de respetar. Intentamos hacer todo lo posible por preservarlos en nuestras prácticas. La ética se nos presenta desde esta perspectiva como un asunto de preservación de valores, fundado en el seguimiento de normas.

Ese es el modelo de responsabilidad ética de la investigación que ha sido institucionalizado de forma paradigmática por los comités de revisión ética (los IRB) ampliamente extendidos en el mundo anglosajón. Presentas un proyecto y una serie de investigadores lo evalúan conforme a unos valores pre-establecidos. La ética es en estos casos un cuerpo cerrado. No es una incógnita sino una respuesta. No es cuestionada sino que sirve para cuestionar.

Y menciono esto porque la literatura en España sobre el tema de la ética es limitada y porque comienza a haber intentos por institucionalizar este ámbito de responsabilidad. Los comités de revisión podría ser un modelo a imitar, o quizás a evitar. Así que mi conclusión ha de situarse en relación con ese debate que comienza a desarrollarse.

Mi primer argumento es que no podemos saber a priori cuáles son los valores que hemos de preservar, o que sabemos cómo preservarlos en la práctica. Como consecuencia de mi trabajo de campo descubrí que el anonimato no era un valor relevante para las personas que lo constituían. Por el contrario, el crédito a través de los enlaces era un valor fundamental, y fue a través de mi propia experiencia de bloguear como puede experimentarlo y aprenderlo.

Si esto es así, la responsabilidad ética de antropólogos y antropólogas no puede pensarse como un seguimiento de normas, sino como un espacio en el cual resulta necesario desvelar cuáles son los valores de los otros y cómo estos valores se ponen en práctica.

La responsabilidad ética de los investigadores se convierte de esta manera en un espacio epistemológico. Es decir, nuestra responsabilidad principal es, antes que anda, producir conocimiento sobre los valores de los otros, sobre cómo han de ser puestos en práctica y las implicaciones que tienen las prácticas de producción de conocimiento de los antropólogos sobre aquellos que forman parte de su campo.

Así que regreso sobre el título de esta presentación para suprimir las interrogaciones. Porque si la ética es un asunto epistemológico, que no versa sobre el respecto de normas sino sobre la producción de conocimiento, los dilemas éticos son ante todo problemas metodológicos. Problemas sobre cómo producir conocimiento y, de acuerdo a ello, articular nuestra presencia en el campo y nuestras acciones. Mi argumento es que todo dilema ético resulta de ciertas elecciones metodológicas y que toda decisión metodológica incorpora siempre asunciones éticas (incluso cuando estas no son una preocupación explícita).

Hecho este desplazamiento, el fracaso de nuestras decisiones resulta aceptable como fuente para la producción de conocimiento sobre los valores de los otros y los modos adecuados de establecer relaciones con ellos. Y podemos formular la responsabilidad ética del antropólogo/a no en términos de cómo actuar correctamente (¿cómo hacerlo si ignoramos cómo hemos de hacerlo?) sino cómo desvelar la forma de actuar correctamente en relación con los otros.

Para citar:

Estalella, A. (2011, 1 de abril). Dilemas éticos, ¿problemas metodológicos? Implicaciones éticas en la investigación antropológica de Internet. Comunicación presentada en las XIV Jornadas de Antropología Ankulegi, ‘El qué y el cómo de la investigación antropológica: reflexiones metodológicas, éticas y políticas’, Donostia.

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