La bifurcación de Internet

On 11/12/2006 by Adolfo

El desarrollo de un espacio social de participación ciudadana en Internet dependerá del resultado en la batalla por el copyright y la libertad de expresión. Publicado en el Observatorio de la CiberSociedad, traducido al gallego, A bifurcación de Internet, por Fernando Garrido para Código Cero.

Un joven abre un blog y airea al mundo las injusticias de su colegio, un grupo de ciudadanos crea una enciclopedia colaborativa en la que parodian diversas instituciones, y un publicista se dedica a recopilar anuncios en video para criticarlos después. Miles, cientos, o simplemente un puñado de desconocidos son testigos de estas iniciativas posteriormente. Las aplauden y comparten, aportan sus propias opiniones y critican, con argumentos o sin ellos. El debate se ha iniciado.

La calidad de las imágenes o la precisión de los argumentos que se manejan carecen de importancia. Lo fundamental es el debate. Todos ellos están participando en la esfera pública de nuestra sociedad. Toman parte en discusiones, se sumergen en la política y en la construcción de la cultura a través de tecnologías sociales como los blogs, wikis, infraestructuras de etiquetado social (folksonomías) y redes para compartir videos o imágenes. Proyectos en los que se produce el conocimiento de forma colaborativa, conocimiento abierto que puede contribuir a hacer que nuestras sociedades sean más libres, el lema que este año preside el III Congreso del Observatorio de la Cibersociedad (OCS). Un encuentro que reúne a cientos de investigadores con la propuesta de reflexionar sobre el impacto de las TIC en la democratización de nuestras sociedades.

Tres casos, los señalados más arriba, que han acabado enfrentándose a problemas legales en España. La construcción social y técnica de Internet se encuentra ante una bifurcación permanente. Avanzando en un sentido las TIC e Internet consolidan un espacio social para la participación ciudadana. Siguiendo el otro ramal, estas tecnologías dan lugar a un nuevo tejido empresarial que recluye a los ciudadanos en el papel de siempre: acorralados en el rincón de los simples consumidores de información y contenidos, Internet se convierte en otra caja tonta.

Un vistazo a la historia de las tecnologías de la comunicación muestra que estas han sufrido enormes metamorfosis en su desarrollo. Los primeros años de la radio tuvieron cierta analogía con los de Internet. Las ondas eran un espacio de comunicación construido por la iniciativa de particulares y organizaciones civiles, educativas y religiosas. Un aficionado podía montar en la década de 1920 una radio como hoy en día se crea una página web (aunque la tarea era considerablemente más dificultosa).

Pero los Estados sacrificaron la iniciativa ciudadana y regularon el nuevo medio para que sólo tuvieran acceso a él los grandes conglomerados empresariales que deseaban explotarlo comercialmente. Internet puede seguir por los mismos derroteros. Las posibilidades que hoy existen para participar en la construcción de un conocimiento libre pueden quedar ahogadas por las aspiraciones reguladoras de los Estados y el celo depredador de algunas empresas e instituciones privadas.

Hace unos meses, un instituto madrileño de Arganda del Rey expulsaba a un alumno por las críticas que había vertido contra el centro, y un juzgado lo condenaba a una multa de 200 euros porque un anónimo (y no el joven autor del blog) escribió un comentario amenazante contra un profesor: “José Antonio muérete hijo puta que cuando tenga coche como te vea por la calle te atropello maricón” Ante un situación como esta es imprescindible sopesar cuidadosamente el derecho de las personas a proteger su honor, no puede aceptarse un comentario como este; pero las medidas que se adopten deberían proteger el derecho de los ciudadanos a expresarse libremente.

Un joven que abre un blog para criticar de forma argumentada la gestión educativa de su centro está ejerciendo un derecho legítimo al debate público, esta participando en la política. Ponerle trabas significa desanimar la implicación de cientos de otros jóvenes en la esfera pública. ¿Es ese el tipo de sociedad que buscamos?

Conflictos como este no dejarán de proliferar en los próximos años. Con cada una de las decisiones que toman las empresas mediadoras (esas que proporcionan la tecnología) y los tribunales, se configura el espacio social de Internet. La batalla se juega ya en tres grandes frentes: la privacidad, el copyright (derechos de autor) y la libertad de expresión.

Cada vez que un usuario utiliza contenidos de video en YouTube para criticar, parodiar o satirizar instituciones, personajes públicos o empresas, se expondrá a las iras de unos y a las posibles demandas de otros. Las empresas han comenzado a usar ya el copyright y la ley de derechos de autor como mecanismo para acallar las críticas. Para muchas empresas, los ciudadanos sólo podemos ser testigos de la publicidad y de los contenidos con que nos bombardean, pero si decidimos usar esos contenidos sin fines de lucro, las empresas que los han elaborado pueden recurrir al copyright para acallar la crítica. Eso hizo la empresa Diesel cuando obligó a YouTube a borrar del mapa la cuenta de un usuario que había publicado un anuncio de video de la marca. ¿Podemos aceptar algo así?, ¿qué margen deja al debate y a la crítica?, ¿qué espacio deja para nuestra participación en la construcción de nuestras sociedades?

Nuestros tribunales y las empresas tecnológicas, tendrán que decidir si se ponen del lado de los ciudadanos que participan en la construcción de la cultura e intervienen en el debate público, o si secundan los argumentos de quienes no admiten la crítica. Será nuestra responsabilidad, la de los ciudadanos, pelear por convertir Internet y desarrollar a través de la TIC espacios participativos para intervenir en la construcción política de nuestras sociedades. Si no lo hacemos, estaremos permitiendo que nos recluyan de nuevo en el rincón de los consumidores mientras Internet se convierte en otra caja tonta.

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